La
metodología que se plantea permite que el alumnado se desarrolle de forma
autónoma, creativa y partiendo de un trabajo cooperativo, lo que sin duda es
una baza de cara a la vida adulta. Por ello, la evaluación debe ser constante y
llevarse a cabo durante todo el proceso educativo, con la intención de que sea
significativo para el alumnado y, si existieran errores que corregir, éstos
sean la base del propio aprendizaje.
Los
propios productos finales que obtengamos de la realización de este proyecto
serán instrumentos fiables de evaluación, y se crearán partiendo de una base
común pero adaptándose a los gustos, habilidades e intereses del grupo de
trabajo. Dado que el grupo va a presentar su trabajo, sus impresiones y
reflexiones también serán útiles para evaluar si el trabajo cooperativo ha sido
productivo, si ha habido participación por parte de todos los miembros del grupo...
Por otro lado, la observación directa a lo largo de todo el proceso así como
las constantes reuniones con los grupos de trabajo y el alumnado serán un buen
indicador para evaluar si el trabajo cooperativo ha sido productivo o si por el
contrario no ha habido equidad en las labores realizadas. La autoevaluación que
el alumnado realice de su trabajo y su aprendizaje será también un elemento muy
importante para determinar el grado de implicación, interés y conocimientos.
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